Anansi

Anansi es una figura central del folklore africano y caribeño. Es un dios ingenioso, travieso y bromista dedicado a crear y mantener, al mismo tiempo, el orden y el caos. En muchas historias hace las veces de mediador entre los hombres y Nyame, el dios del cielo y padre de Anansi.

Después de que Nyame hubo creado el Universo, fue Anansi quien les dio forma al Sol y a la Luna, inventó la lluvia y les enseñó a los hombres a sembrar grano. Pero suele provocar desastres en la misma medida en que crea maravillas. Su especialidad es encontrar soluciones, aunque casi siempre es él mismo quien los ocasiona los problemas.

Euge nos cuenta el mito:

ANANSI Y LAS HISTORIAS DEL DIOS DEL CIELO

Un día, mientras paseaba por el mundo, Anansi pensaba que era un lugar demasiado gris y aburrido. Se dio cuenta de que los hombres necesitaban historias, pero todas las historias estaban guardadas en una olla enorme que guardaba Nyame. Así que fue ante él y le pidió que le entregara la olla para poder compartir las historias con toda la gente.

El dios del cielo no quería compartir sus historias; pero tampoco quería parecer egoísta, así que le dijo a Anansi que le entregaría la olla si lograba capturar a Onini, una pitón enorme; Osebo, un leopardo hambriento; Mmoboro, un enjambre de avispas asesinas; y Mmoatia, un hada traviesa y poderosa.

Anansi sabía que lo que Nyame le pedía era casi imposible, pero no por eso se desanimó. De inmediato se puso a pensar y divisó un plan para lograrlo.

Primero fue a buscar a Onini, la pitón. Le dijo que no creía que ella fuera la criatura más larga en todo el mundo y la pitón, indignada, se empeñó en demostrar que sí lo era. Se estiró junto a una rama para que Anansi pudiera medirla, y él la ató con su telaraña.

Después Anansi cavó un hoyo en la tierra, lo cubrió con ramas y se sentó de espaldas a él, esperando a que Osebo viniera a comérselo. Pero el leopardo pisó las ramas, cayó en el agujero y Anansi lo pudo envolver en su telaraña.

Ahora era el turno de Mmoboro. Las avispas zumbaban furibundas alrededor de su nido y atacaban a cualquiera que tratara trataba de acercarse a ellas. Anansi agujereó una calabaza y la llenó con agua. Hizo a las avispas creer que estaba lloviendo, y les ofreció refugio en su calabaza, que ahora estaba vacía. Las avispas se metieron en la calabaza y él la cerró con su telaraña.

Solo faltaba Mmoatia, y era la tarea más difícil de todas, porque el hada era aún más traviesa y poderosa que él. Anansi talló una muñeca de madera y la cubrió de savia pegajosa. Puso un plato de dulce de batata en el regazo de la muñeca y esperó. No pasó mucho tiempo antes de que llegara el hada, atraída por el olor del dulce. Creyendo que era una niña, Mmoatia le preguntó amablemente si podía tomar un poco de dulce. Pero la muñeca permaneció inmóvil. El hada se enojó por la grosería y le dio una bofetada, pero la mano se le quedó pegada en la savia. Usó la otra mano para tratar de liberarse, y después los pies, y al final terminó completamente pegada a la muñeca.

Anansi volvió al cielo con sus prisioneros, y Nyame quedó impresionado. Le entregó la olla de historias y le dijo que siempre sería recordado por haber ganado las historias para la humanidad.

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