Lilith

Lilith es una de las figuras mitológicas más difíciles de aprehender, porque es un mito dentro de un mito dentro de un mito… como una muñeca rusa de imágenes arquetípicas que nos son a la vez familiares e incomprensibles.

Este personaje complejo surge en gran medida de una serie de traducciones inexactas que, a través de los siglos, le fueron dando forma a una figura que no existía en los textos originales. En acadio, lili o lilitu significa “espíritu”; en hebreo, lilith o lilit significa noche, criatura nocturna o búho. Es fácil ver cómo la mezcla de estas imágenes en el imaginario colectivo desemboca en la idea terrorífica de un espíritu oscuro y maligno.

Lo que representa este arquetipo es la energía femenina salvaje, instintiva e inconsciente que nos mueve a hacer cosas que no haríamos desde la intención consciente. Es una Sombra colectiva que nace en la rigidez patriarcal de las religiones abrahámicas y sirve de válvula de escape, porque en ella depositamos todo lo moralmente reprochable de nuestra naturaleza humana.

Para los hombres funciona como chivo expiatorio, porque pueden culparla de ocasionar en ellos sus “deseos impuros”. Para las mujeres ha sido a la vez el sueño de libertad y la amenaza de todas las desgracias que podrían ocurrir si ese sueño se hiciera realidad.

Euge nos cuenta el mito:

LA PRIMERA ESPOSA DE ADÁN

Es importante recordar que Lilith no aparece directamente en la Biblia. Existe mucha confusión en este respecto porque los dos primeros capítulos del Génesis de hecho se contradicen.

En el primer capítulo se hace un recuento de los siete días de la Creación, y en el sexto día Dios crea al hombre y a la mujer.

1:27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

Peeerooo, en el segundo capítulo el relato vuelve atrás, se centra en el sexto día y cuenta cómo Dios crea al hombre (Adán) y después le saca una costilla para crear a la mujer.

2:22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.

Lilith nace a partir de las interpretaciones del Génesis, en un intento por llenar el agujero y subsanar la contradicción entre los dos capítulos. Es una solución simple: esa primera mujer que Dios creó junto con Adán se fue, y por eso Dios tuvo que crear una segunda mujer.

Esta hipótesis cobra vida en un texto llamado El alfabeto de Ben Sira, que es una recopilación de proverbios e historias escrita en la Edad Media. Se le considera una obra satírica e incluso herética que narra la vida de Ben Sira en la forma de un acróstico (un poema en el que las primeras letras de cada verso forman el alfabeto). En uno de sus pasajes, Ben Sira cuenta la historia de Lilith:

Después de crear a Adán, que estaba solo, Dios dijo “No es bueno que el hombre esté solo”. Entonces creó a una mujer para él, de la tierra, como había creado al mismo Adán, y la llamó Lilith. Adán y Lilith comenzaron a pelear de inmediato. Ella dijo “No yaceré debajo de ti”. Él dijo “solo yaceré encima de ti, pues fuiste creada para yacer debajo, mientras que yo fui hecho superior”. Lilith respondió “Somos iguales, ya que fuimos creados de la misma Tierra.” Pero ambos se negaban a escuchar al otro. Cuando Lilith se dio cuenta de esto, pronunció el Nombre Divino y se fue volando por los aires.

Adán le rezó a su Creador: “Soberano del Universo, la mujer que me diste huyó”. En ese momento Dios envió a tres ángeles para traerla de vuelta.

Le dijo el Santo a Adán: “Si ella accede a regresar, lo que está hecho es bueno. Si no, debe permitir que cien de sus hijos mueran todos los días”. Los ángeles dejaron a Dios y persiguieron a Lilith, a quien alcanzaron en medio del mar, en las impetuosas aguas donde los egipcios estaban destinados a ahogarse. Le dijeron la palabra de Dios, pero ella no quiso regresar. Los ángeles dijeron: “Te ahogaremos en el mar.”

¡Déjenme!” dijo ella. “Fui creada sólo para causar enfermedades a los infantes. Si el infante es varón, tengo dominio sobre él durante ocho días después de su nacimiento, y si es mujer, durante veinte días”.

Cuando los ángeles escucharon las palabras de Lilith, insistieron en que volviera. Pero ella les juró por el nombre del Dios: “Siempre que los vea a ustedes o sus nombres o sus formas en un amuleto, no tendré poder sobre ese infante”. También acordó que cien de sus hijos murieran todos los días. En consecuencia, todos los días mueren cien demonios, y por la misma razón, escribimos los nombres de los ángeles en los amuletos de los niños pequeños. Cuando Lilith ve sus nombres, recuerda su juramento, y el niño se recupera.

Lilith

En la historia Lilith confronta tanto a Adán como a Dios. Desafía al patriarcado y se niega a someterse a la autoridad masculina. Es interesante notar que cuando huye se esconde en el Mar Rojo, el mismo lugar donde los hebreos se liberan de su esclavitud de los egipcios.

Esta versión se impregnó en el folclor judío, y más tarde, en textos cabalísticos, después de abandonar a Adán se convierte en la esposa de Satán. Entonces su personaje toma poderes cósmicos y se vuelve la contraparte oscura de la Shekhinah, que es la Presencia Divina femenina, la esposa de Dios.

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