La lista de las proyecciones

Mucho se dice de dejar o abandonar los juicios, incluso esto se suele relacionar con un alto grado de consciencia o iluminación, cuando menos, madurez. ¿Es verdad que podemos dejar de tener juicios? Juicio refiere a la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo, funcional y disfuncional, pero también es una capacidad para entender el mundo a partir de conocer algo y sintetizarlo para nosotros mismos; aspecto que solemos llamarle, opinión.

Dejar de tener juicios equivaldría a dejar de pensar. ¿Es realmente lo que queremos hacer? ¿Deseamos entonces dejar de tener nuestras propias opiniones o dejar de discernir y sujetarnos a un dogma o a una razón mayor que no cuestionemos y a la cual le otorguemos el poder de la dirección de nuestras vidas? Quizá lo que deseamos es que estas opiniones sean funcionales, y nos permitan vivir en plenitud y bienestar; sin embargo, es frecuente que las opiniones que tenemos las proyectemos en el otro, pues surgen de nuestra interpretación, y la manera en como observamos nuestra realidad.

Cuando tenemos un enojo con alguien, alguna discusión o un desentendido acompañado de una fuerte emoción desagradable, suelen surgir los juicios hacia esa persona, objeto o circunstancia con la que interactuamos, pero refleja más el cómo hemos procesado la experiencia y los condicionamientos o aprendizajes previos para gestionar lo que nos sucede. Si hemos aprendido de otros que la vida es difícil, resultaría muy normal que percibamos la vida difícil, y que incluso, tratemos de validar este pensamiento a partir de observar y fijar nuestra atención en las dificultades; pero, si les miramos, pensamos y sentimos como aprendizajes, podremos constantemente considerar que la vida y nuestras circunstancias nos brindan aprendizajes.

el-juicio

Un ejercicio sencillo pero poderoso, consiste en registrar todos los juicios que tenemos hacia situaciones específicas, haciendo listas de lo que pensamos y que no es funcional, agradable ni potencialmente pleno. Por ejemplo, si una persona nos desagrada, elaboraremos una lista de los juicios que hacemos respecto a esa persona, para luego revisar ¿Qué de eso tengo en mi? ¿Qué de eso no me permito? ¿Quién es/era así en mi vida? Y, por último, si esto es algo que me pertenece y requiero aceptar o es algo que niego, pero necesito aceptar de lo exterior. Lo anterior no significa que no haya situaciones en las que no debamos de poner límites, por el contrario, nos puede enseñar que quizá aceptarlo no es sinónimo de someterse, pero sin duda, ya no tendrá el mismo peso ni la misma dificultad para que disfrutemos la vida.

Por otro lado, si nuestra lista de juicios disfuncionales va disminuyendo, sería un indicador de aceptar cada vez más nuestro ser y vivirnos en plenitud.

¿Cuántos cuadernos estarían llenos de los juicios disfuncionales que tenemos?

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