¿Y las cosas del alma?

Hace tantos años ya que la gente dejo de interesarse por las cosas del alma, lo que sentimos, como lo sentimos, nuestros planes, que hacemos, como lo conseguimos, quienes somos verdaderamente…

Cuando llega alguien a mi vida y cambia el esquema de las cosas, de la manera de vivirlas, de relacionarme e interesarse de una manera distinta de aquellas cosas que poco comparto, me tambaleo, me quedo callado, anonadado. Por momentos no sé cómo reaccionar ante quien no se deslumbra, quien el aparato físico es un recipiente, los logros son importantes, pero son sucesos, ante quien el intelecto es un esquema estructurado, estudiado, cultivado, pero lo verdaderamente importante es invisible, y en el afán de descubrirlo, de recibir lo que el otro quiera compartir quien es en realidad, paro, me detengo y pienso, caigo en el sobre análisis de las cosas, me anclo a las trivialidades, y dejo de lado las cosas del alma. Reincorporo el sentido, entiendo la finalidad, entiendo el objetivo, y en la emoción solo espero no sea tarde, porque son esas personas las que quieres cerca, muy cerca; son contadísimas.

Union

¿Cuantas veces alguien se interesa en quienes somos de verdad, en lo que callamos, en aquello que nos duele, que nos hace felices, que nos motiva? ¿Cuantas veces estamos atentos a quien es la persona con la que interactuamos, con la que convivimos más allá de una rutina, de un disfraz de ocupaciones y palabras?

Me quedo callado y pienso en como mostrarme. Me rebusco en las experiencias, porque pienso que las experiencias me han hecho quien soy; y sin embargo el punto angular es lo que me ha traído esa experiencia, en quien me ha convertido, la manera en la que lo sentí, y la forma en que dejo hulla. Me aíslo en la demostración del interés del otro, pero ¿porque necesita la otra persona insistir en que nos demostremos? Porque estamos tan acostumbrados a que son los demás quienes nos descubran, y no ser propiamente nosotros quienes reflejemos quienes somos. 

Me acostumbre a ver, oír y callar. Desarrolle la habilidad de analizar a través de lo observable. Hable solo cuando me fue pedida la opinión. Aprendí a dar para recibir, y recibí frustraciones. Me condicione a no sentir para no dolerme. Me habitué a compartirme limitadamente para no herirme a la partida. Son riesgos, pero es un mayor riesgo no hacerlo y vivir los años solos o acompañados a lado de quienes solo conocemos por lo que hacen, como viven, a donde salen, o la plática que ofrecen. ¿Y las cosas del alma?

Alguna vez leí la frase “en estos tiempos es más fácil desnudar el cuerpo que el alma”. Es cierto, tendemos a mostrar el cuerpo, el deseo, el ego antes que dejar que otra persona note quien está dentro de todo ello. Como consecuencia, alejamos a quienes de verdad quieren ver más allá de todo eso, de la vanidad del ser.

Mirarse con ojos abiertos

¿Qué hacer?

Abrirse y estar atentos, no solo a nosotros mismos, sino también a la persona que tenemos de frente, conocerle en realidad sin acosar, compartir las sensaciones, reír, hablar, llorar, callar, disfrutar de silencio y de la palabra, de las caricias y esos abrazos que a veces no son con el cuerpo, sino con el alma.

¿Y tú, como muestras y conoces de otro las cosas del alma?

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